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La rebelión de los lectores

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Basta un trayecto en metro para darse cuenta de que mucha gente no lee. Años atrás se sucedían los libros abiertos, las miradas perdidas en otros mundos, los suspiros al tener que interrumpir la lectura. Ahora se suceden las manos agarradas a un teléfono móvil, el movimiento continuo del pulgar por la pantalla (hábito conocido como scroll up) y la inmersión en una mezcla de sonidos provenientes de dispositivos sin auriculares. Esta estampa, que se repite a diario, puede llevar a pensar que la gente lee cada vez menos. Quienes amamos la lectura nos resistimos a aceptar esta idea. Silvia, por ejemplo, compañera mía en Aida Books&More Barcelona, se pregunta si leer se ha convertido en un acto de rebeldía, y retrata, previo consentimiento, a los lectores con los que se cruza. Comparte las imágenes en su perfil libros_para_pitascegas.

Por fortuna, no es cierto que cada vez se lea menos. A juzgar por el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2023, el 64,10% de la población lee en su tiempo libre, un porcentaje superior a los años previos al Covid-19. Qué le vamos a hacer, el ser humano es de aprendizaje lento y le hizo falta una pandemia mundial para redescubrir el placer de la lectura y su condición de refugio. Otro dato interesante del barómetro, que sorprenderá a más de uno, es que la juventud (tramo de población comprendido entre los 14 y los 24 años) es el sector de la población española que más lee en su tiempo libre. El futuro será lector.

No hay duda de que, en nuestra sociedad, la lectura es importante. Dos acontecimientos lo corroboran. En primer lugar, lo sucedido en Zaragoza el pasado 19 de diciembre. La Biblioteca Pública de Aragón se vio obligada a cerrar por las tardes, excepto los lunes, porque el gobierno autonómico no abrió, ni piensa abrir, ninguna convocatoria para cubrir las plazas que quedaron libres, y el personal existente es escaso. Ante esta situación, el Gremio de Narración Oral y el Bloque Cultural de Zaragoza convocaron a la ciudadanía a «una lectura grupal» nocturna en la puerta de la biblioteca, bajo el lema «Una biblioteca abierta. Una mente despierta». Los participantes, provistos de un libro y una linterna, acudieron en masa. Esta iniciativa contó, además, con el apoyo de la maravillosa escritora Irene Vallejo Moreu, quien compartió en sus redes fotografías del momento y dijo «aquí se forjan los lectores de mañana. Si nos alegramos cuando nuestro arte y ciencia logran triunfos, mantengamos bien vivos y cuidados los lugares que democratizan el conocimiento. Cada una de esas luces es una negativa a conformarnos con la oscuridad».

La rebelión de los lectores se manifestó también en Barcelona, en la mítica librería Sant Jordi. Fundada en 1983 en un local con mobiliario decimonónico y mosaico hidráulico, está situada en la céntrica calle Ferran. A lo largo de los años ha presenciado la transformación del barrio en un lugar pensado en exclusividad para los turistas, con la proliferación de tiendas de recuerdos cutres y restaurantes de comida rápida. Por desgracia, el futuro de la librería peligra: el propietario falleció el pasado 10 de diciembre y el contrato de alquiler vence el próximo mes de febrero. Dada la tendencia generalizada de disparar los precios de los alquileres y convertirlos en inasumibles para el pequeño comercio, todo hace suponer que la librería se verá obligada a cerrar sus puertas. Amantes del lugar decidieron tomar cartas en el asunto e informaron en las redes sociales de la situación. Se corrió la voz entre lectores y, en cuestión de días, cientos de personas hacían cola frente al establecimiento para comprar ejemplares. «La gente nos está mostrando su cariño, su solidaridad y amor por la librería», dijo la viuda del propietario entre lágrimas.

Las bibliotecas públicas son necesarias. Las librerías, también. Son tan importantes, que la directora de cine Isabel Coixet sucumbió a la tentación de rendirles homenaje con su maravillosa película The bookshop. El pasado catorce de noviembre, Día de las Librerías, Isabel confesaba que fue su carta de amor a ellas. Como no todo el mundo goza del talento de esta mujer, la mayoría de lectores mostramos nuestro apoyo a las librerías con la práctica del hábito de la lectura y, cuando hace falta, con sentadas nocturnas y largas colas. Ay, la rebelión de los lectores.

Imagen: interior librería Sant Jordi

Publicado en Historia real Libros

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