De sobras es sabido que los vampiros no tienen sombra. El demonio, tampoco. Dicen que es porque no tienen alma, así que, cuando te cruces con alguien en el camino, mira al suelo, no te la vayan a colar, que el mundo está lleno de farsantes que pretenden ser una cosa y son otra. Con disimulo, agachas la cabeza y buscas. ¿Que en el suelo encuentras una imagen oscura proyectada por el cuerpo? ¡Fantástico! ¿Que no? Huye.
La cosa se complica si vives entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio, en especial en las zonas cercanas al Ecuador. La lista de países afectados es larga: Arabia Saudita, Argelia, Argentina, Australia, Bahamas, Bangladesh, Birmania, Botsuana. Brasil, Chad, Chile, China, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, India, Libia, Madagascar, Mali, Mauritania, México, Mozambique, Namibia, Níger, Omán, Paraguay y Sudáfrica.
En esta región del planeta, en la que viven la mayoría de los habitantes, dos veces al año sucede un fenómeno astronómico asombroso: el Día sin Sombra. Ocurre al mediodía, cuando el sol está situado justo encima de nuestras cabezas. Y ¿qué sucede cuándo el sol lo ilumina todo de forma vertical? Pues que no hay ni una sola sombra. El fenómeno tiene lugar en distintas fechas del calendario, según la latitud en la que te encuentres, y dura unos cuantos minutos.
Hace poco he descubierto otro lugar en el que las sombras brillan por su ausencia: los quirófanos. Me han quitado un pequeño quiste de grasa que tenía junto al lagrimal derecho, y si ya de por sí no es muy divertido perder la conciencia, imagínate el terror que sentí al constatar, segundos antes de que la anestesia surtiera efecto, que allí no había ni una maldita sombra. ¡Ni te imaginas la alegría que sentí al despertar!
Imaginé distintas hipótesis que explicaran la ausencia de sombras en el quirófano. Una: el personal médico está formado por vampiros. Dos: el quirófano está situado en algún país de la lista anterior, y accedes a él a través de un portal secreto sin apenas darte cuenta. Tres: el sedante provoca delirios. Ninguna es válida.
La razón por la que en los quirófanos no hay sombras está en la necesidad de tener la mejor visibilidad posible durante la intervención quirúrgica. El paciente está tumbado y, sobre él, se mueven manos, brazos e instrumentos susceptibles de proyectar una maldita sombra en el momento más inoportuno posible. ¿Te imaginas que por culpa de una sombrita me hubieran quitado un ojo en lugar de un quiste? Mal asunto. Y ¿cómo se consigue borrar las sombras? Mediante múltiples fuentes de luz LED, dispuestas de forma circular y en ángulos estratégicos.
De todo lo anterior se deduce que la regla general de que al iluminar un objeto se proyecta una sombra tiene al menos tres excepciones: la naturaleza vampírica, la latitud y los quirófanos. Hay otra: todo acuerdo de paz que no tenga en cuenta a las distintas partes integrantes de un conflicto. Un ejemplo: el reciente «acuerdo» impuesto a la población palestina. Esta parte, agredida, ultrajada, asesinada y expoliada de su tierra desde hace décadas, mira con asombro e indignación la firma de un acuerdo entre el líder del país opresor y el de otro país con importantes intereses económicos y estratégicos en la zona. Si te fijas bien en las imágenes del día de la firma, no hay sombras de los firmantes, pero sí unos colmillos bien afilados y restos de sangre en los labios.
La humillación al pueblo palestino no conoce límites, al final va a ser verdad que los vampiros existen, que beben sangre y que no tienen alma. Menos mal que cada vez hay más gente que alza su voz contra este despropósito, que llena las calles en contra de esta pantomima condenada a un inminente fracaso. Gente que no se rinde, que se abraza a la luz para extirpar la maldad. Gente que se deja la piel por un mundo con sombras donde la alegría tenga cabida.
Imagen: Christopher Lee en Dracula (1958)
Comentarios