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Una ciudad donde merezca la pena vivir

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Hoy se celebra el Día Mundial de las Ciudades, donde vive más de la mitad de la población mundial, 4.000 millones de personas. La ONU, consciente de que el crecimiento demográfico se ha disparado en las últimas décadas, fijó esta fecha en el calendario con el objetivo de promover un desarrollo sostenible de la ciudad. Se tiende a construir rápido, mal e, incluso, en zonas inundables, con el riesgo que comporta para la población. Lo sabemos, lo vivimos hace un año.

Amnistía Internacional ha publicado un informe en el que destaca que decenas de miles de personas que viven en los municipios afectados por aquella nefasta y despiadada DANA siguen en peligro, pues son zonas inundables. Nadie duda ya de la ferocidad del cambio climático y, si no se toman medidas pronto, medidas inteligentes y eficaces, el drama se repetirá y volveremos a tener ciudades convertidas en cementerios. Por favor, nunca más.

Este año la celebración de la jornada gira en torno a la tecnología, los datos y la inteligencia artificial, herramientas encaminadas a transformar la vida urbana manteniendo a las personas en el centro de las iniciativas. A las personas, las grandes olvidadas en las políticas de algunos y que, encima, pagan con la vida la desidia y la avaricia. Las que se salvan se ven abocadas a la angustia de vivir sin los seres queridos que fueron engullidos por el agua y el lodo.

En los últimos años se habla mucho de la España vaciada, ese fenómeno por el que poblaciones enteras se han quedado sin vecinos en beneficio de las ciudades, supuestos lugares con capacidad para generar empleo y riqueza. A las ciudades también llegan personas procedentes de territorios remotos en busca de una vida mejor o, simplemente, una vida por la que merezca la pena luchar, levantarse cada mañana.

El progresivo aumento de población de las ciudades a menudo conlleva una convivencia difícil. Si ya cuesta convivir con alguien a quien se quiere, la cosa se complica cuando se juntan diferentes culturas, etnias y religiones que no siempre conocemos, comprendemos o respetamos. Si a eso le añadimos las eternas prisas que marcan nuestras agendas, prisas para no llegar tarde, prisas que justifican agredir al otro, el resultado es una bomba de relojería a punto de estallar.

En la ciudad hay agresiones rutinarias con apariencia de inocuas. Cada día suceden pisotones, empujones, choques al entrar y salir del transporte público, robos de asiento, negativas a cederlo a personas mayores, embarazadas o con problemas de movilidad. Hay quien ni siquiera se detiene ante la visión de un bastón blanco o de una silla de ruedas. Menos mal que siempre hay alguien que se da cuenta del horror y remedia el daño causado por otro; tiene alas en la espalda.

En nuestro país, la celebración del Día Mundial de las Ciudades coincidirá siempre con el recuerdo de uno de los sucesos más trágicos de nuestro país. Quizá sea la ocasión perfecta para recordar que en las ciudades nos necesitamos unos a otros, como bien dice Lucía Mayordomo, la jueza de guardia en Torrent el fatídico 29 de octubre de 2024, entrevistada por la periodista Pepa Bueno para el reportaje de RTVE Las primeras diligencias tras el paso de la DANA por Paiporta.

A la pregunta sobre qué enseñanzas ha sacado la Justicia de lo sucedido, responde: «no se puede funcionar solo, no podemos hablar de individualidades, tenemos que hablar de grupos, de equipos y de gente que trabaja toda al mismo tiempo para un mismo fin. (…) Aquí, cuando se necesita y cuando realmente las cosas se ponen feas, nadie ha mirado hacia otro lado, todos hemos trabajado y seguimos trabajando, y no vamos a parar. Lo que nos falta son medios, no ganas.»

Las ciudades deberían ser lugares donde poder vivir con tranquilidad, seguridad y respeto; lugares donde cada individuo pudiera defender sus sueños e intereses sin pisotear los de los demás; lugares donde tener la certeza de que, incluso si fuéramos víctimas de un desastre natural de proporciones gigantescas, podríamos contar con los demás. Defendamos la alegría individual y, también, la colectiva. Y pongamos los medios necesarios para ello. El futuro es plural.

Publicado en Historia real Naturaleza

Un comentario

  1. JOANA JOANA

    Hola Preciosa, acabo de leer tu último post “Una ciudad donde merezca la pena vivir”..
    Como siempre piel de gallina, que facilidad tienes de crear consciencia, son historias de una realidad escalofriante y tan bellamente contadas… te deleitan por su prosa (no se «prosa» es la palabra correcta;) pero lo que sí es correcto es que gracias a ti nos llevan a reflexionar en estos temas tan trágicos y humanos..! 
    Gracias ❤❤❤
    Joana Tejeo

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