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¿Te gusta el Montseny? ¡Cuídalo!

Nuestro Planeta está lleno de lugares hermosos. Muchos no los conoceremos jamás. ¡Es imposible! Necesitaríamos mucho tiempo para visitarlos todos (y mucho dinero). Algunos están lejos. Otros, en sitios muy peligrosos, lo que invita a evitarlos. Pero, algunos, los tenemos muy cerca de casa. Son un regalo para los sentidos. Un oasis en medio de nuestras ciudades inmersas en ruido, contaminación y cemento. Uno de estos lugares paradisíacos es el Parque Natural del Montseny. Si vives en la provincia de Barcelona o en la de Girona, es muy probable que lo conozcas. ¡Está situado a poco más de setenta kilómetros de sus capitales! Este macizo montañoso tiene un alto valor paisajístico y ecológico. Es tal su atractivo, y tan grande su biodiversidad, que se está intentando proteger desde finales del siglo XIX. Es precioso y está cerca. ¡Qué tentador resulta visitarlo! Demasiado…

A veces hacemos daño y causamos dolor sin darnos cuenta de ello. Es terrible, pero es así. Seguro que en alguna ocasión has querido golpearte la cabeza contra la pared por no haber sabido comprender a tiempo las consecuencias de tus actos. Esto también se aplica al medioambiente. Sin darnos cuenta, lo estamos dañando. Es tal la afluencia de visitantes que recibe, la variedad de actividades que practicamos en él, que nuestro impacto es cada vez más difícil de contrarrestar. Esto mismo ocurre en el Montseny, donde se produce un fenómeno conocido como masificación o hiperfrecuentación humana físico-recreativa. Es decir, la ocupación repentina del macizo por centenares, miles a veces, de personas en un solo día. E, inevitablemente, molestamos a su fauna silvestre. A la que vive ahí. De pronto, invadimos su hogar y lo dañamos. Y la perjudicamos. ¡No nos damos ni cuenta! Como comentaba en el post sobre la inexistencia de Planeta B, lo que le hacemos al medioambiente, nos lo hacemos a nosotros mismos.

Pero, ¡hay solución! De eso hablo en un trabajo de investigación que he llevado a cabo, y del que se ha publicado un resumen en la revista La Sitja del Llop, de la Coordinadora per la Salvaguarda del Montseny. He pensado que quizá pueda interesarte. Aunque no conozcas el Montseny. Porque, mucho de lo que aquí ocurre, sucede en otros lugares. ¡Aunque estén protegidos!

El artículo original está escrito en catalán y puedes leerlo en dicho idioma ampliando estas fotografías (¡o comprando la revista!). Abajo tienes la traducción al castellano. ¡Espero que el artículo te resulte interesante!

La protección de la fauna silvestre del Parque Natural del Montseny frente a la amenaza de la masificación humana físico-recreativa

El ser humano siempre ha interactuado con el medio natural en el que vive y que le rodea. Desgraciadamente, el impacto de algunas de las actividades que lleva a cabo está poniendo en peligro la biodiversidad de los espacios naturales protegidos. El Parque Natural del Montseny no es una excepción, hasta el punto de que no se puede hablar de bienestar animal. Veamos por qué y qué se puede hacer para revertir esta situación.

La ciencia ha demostrado que todos los animales vertebrados (mamíferos, anfibios, reptiles, peces y aves), e incluso algunos invertebrados (cefalópodos) son capaces de sufrir. Lo demuestra la presencia en sus organismos de nervios nociceptores, que emiten señales de dolor al sistema nervioso central. Este hecho, combinado con una creciente conciencia de que hay que cuidar de nuestro entorno, ha favorecido el desarrollo de una rama jurídica conocida como Derecho de Bienestar Animal. Su finalidad es proteger a los animales no humanos y aumentar su bienestar conforme a unos criterios científicos que contemplan tres elementos: el funcionamiento biológico, las emociones y el comportamiento. Así, según el Código Sanitario Terrestre de la Organización Mundial de Sanidad Animal, hay bienestar animal cuando el animal está sano, cómodo, bien alimentado, en seguridad, puede expresar formas innatas de comportamiento y no padece sensaciones desagradables de dolor, miedo o desasosiego. Si falta alguno de estos aspectos, no hay bienestar animal.

En el Montseny, y según el Plan de Conservación, en 2014 había identificadas 4.576 especies de animales, la gran mayoría invertebradas. De estas, el Plan reconocía el interés de conservación de 357 y señalaba como una de sus principales amenazas la hiperfrecuentación, también conocida como masificación humana físico-recreativa, entendiendo como tal la ocupación repentina y multitudinaria de un espacio natural con fines de ocio.

¿Qué forma adopta? Varias: actividades deportivas (como el Maratón del Montseny, el Aplec de Matagalls, o la travesía Matagalls-Montserrat); actividades de invierno, cuando nieva en el macizo; barranquismo; baño; ciclismo de carretera y de montaña; circulación y estacionamiento de vehículos; escalada; recolección de setas, castañas y / o agua; restauración; senderismo.

¿Dónde y cuándo se produce? Las zonas más masificadas del macizo del Montseny son: el Valle de Santa Fe (sólo en un día, puede llegar a registrar 500 coches y más de 2.000 personas), las cimas del Turó de l’Home y de Matagalls, Coll Formic, Fontmartina y Riells. Las épocas más frecuentadas son el otoño, la primavera y el invierno.

¿Como impacta a la fauna silvestre? Puede suponer una agresión directa, como el atropello. Las carreteras que llevan a los lugares más visitados registran cada año la muerte de cientos de anfibios, como la salamandra o el sapo común. También hay que señalar la importancia del pisoteo de micro fauna durante la recolección de setas y de castañas. También se producen molestias en zonas de reproducción y / o alimentación, se da de comer de forma involuntaria (por la acumulación de residuos). Finalmente, se altera el hábitat a través de su fragmentación con carreteras, o en su modificación. Así, por ejemplo, se ha descubierto que uno de los patógenos encontrados en el tritón del Montseny viene del calzado de los excursionistas.

Si bien estos impactos no tienen porque suponer una amenaza para la supervivencia de una especie, sí pueden conllevar la extinción de la población local, con las correspondientes nefastas consecuencias para el ecosistema.

¿Cómo proteger a la fauna silvestre? Nuestro ordenamiento jurídico reconoce el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo. Los poderes públicos están obligados a garantizar la utilización racional de los recursos naturales y conservar la biodiversidad que vive en estado silvestre, pudiendo imponer sanciones administrativas y, en su caso, penales.

Pero, del dicho al hecho hay un buen trecho. En la actualidad la fauna silvestre del Montseny se encuentra desprotegida. Por un lado, el Parque no cuenta con una normativa específica que permita sancionar las acciones incívicas. Hasta hace poco contaba con unas ordenanzas de uso público que establecían como norma general no molestar a la fauna de ninguna manera, reconociendo incluso la posibilidad de prohibir aquellas actividades susceptibles de perturbarla. Desgraciadamente, estas ordenanzas no tipificaban, ni clasificaban, ni sancionaban estas actividades. Para acabar de redondear, pertenecían al Plan Especial de protección del medio natural y del paisaje, que fue anulado el 2017 por el Tribunal Supremo por un defecto de forma y, desde entonces, el Parque se encuentra en una situación que algunos consideran de inseguridad jurídica. En definitiva, hay que aprobar normativas específicas para garantizar el bienestar animal de la fauna silvestre del Montseny.

Por otra parte, hay que revisar la gestión del Parque. En primer lugar, hay que dejar de fomentar la hiperfrecuentación desde la Oficina Técnica del Parque. Efectivamente, esta parece favorecer más el uso público que no la conservación: organiza paseos guiados, invita a visitar el parque editando materiales de bienvenida en numerosos idiomas, e incluso pone al alcance de la ciudadanía una aplicación móvil donde se facilita información sobre equipamientos, servicios e itinerarios, pero no de la fauna. Sin embargo, se promueve el uso del transporte público mediante un servicio combinado de RENFE y autobuses, pero no se controla ni reduce el acceso de los vehículos privados, lo que supone sumar aún más visitantes. Es imperativo reducir el acceso de los vehículos privados.

En segundo lugar, es urgente una educación ambiental eficaz que despierte la conciencia de los visitantes y los comprometa con el Parque. En la actualidad no se facilita mucha información sobre la fauna silvestre del macizo, y aún menos sobre el impacto que tienen sobre la misma las actividades humanas físico-recreativas.

En tercer lugar, hay que dotar de más presupuesto las tareas de conservación. Es imprescindible favorecer la investigación y el seguimiento de la fauna silvestre, para poder conocer su estado real de riesgo. Aunque en el caso de los atropellos de animales la amenaza es un hecho, en otros casos se necesitan más datos. Para ello, se podría implementar una ecotasa. Esta medida se está aplicando desde hace tiempo en diversos espacios naturales que, como en el caso del Montseny, están en manos de ayuntamientos pequeños con escaso presupuesto. Como tienen pocos recursos, no pueden proteger la naturaleza ni controlar la hiperfrecuentación. Algunos ni tan suelos tienen técnicos de medio ambiente. La ecotasa supone cobrar una pequeña contribución económica a los visitantes para reinvertir en acciones de mantenimiento y protección.

Por otra parte, tiene que haber coherencia en las acciones que se implementan. Un caso flagrante es el del tritón del Montseny. Este anfibio endémico del macizo se encuentra en peligro de extinción, por lo que consta en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Se está haciendo un gran esfuerzo para salvarlo, como lo demuestran la puesta en marcha del Proyecto europeo LIFE Tritón Montseny (que cuenta con un presupuesto de 2,9 millones de Euros), o la cría en cautividad en el centro de recuperación de fauna silvestre de Torredefussa, así como a los Zoológicos de Barcelona y de Chester, en el Reino Unido. Pero la eficacia de estas acciones viene cuestionada por la no aplicación de otras actuaciones dirigidas a proteger la especie en su habitat natural.

Finalmente, tampoco se entiende que desde la administración municipal se fomente la fragmentación del habitat en zonas especialmente sensibles para la fauna, como la carretera Islas-Sant Marçal.

En definitiva, trabajar por el bienestar de la fauna silvestre del Parque Natural del Montseny no implica prohibir el acceso, sino regularlo y garantizar un uso racional que sea respetuoso con el medio. Por ello es imprescindible la implicación de los poderes públicos, la colaboración de la administración pública y el compromiso de la ciudadanía. Sólo así se podrá garantizar la supervivencia del Montseny y su disfrute por las generaciones futuras.

Publicado en Compromiso Historia real Naturaleza

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