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Un compositor magistral

Esta semana nos ha dejado Ennio Morricone, compositor de más de 500 bandas sonoras para cine y televisión. Se marcha con 91 años, dejando un legado en partituras de gran calibre. A él le debemos muchas de las emociones sentidas durante el visionado de la serie El secreto del Sáhara, y de películas como La Misión, Cinema Paradiso o Los intocables de Elliot Ness. Estas melodías son auténticas joyas musicales.

Como cinéfila que soy, además de coleccionar las entradas de las películas que iba a ver al cine, he sido una gran consumidora de aquellas bandas sonoras que no dejaban de repetirse en mi cabeza. Al escucharlas, revivía escenas y observaba mi piel erizarse. Incluso, con ocasión de mi visita a Iguazú, sentí como en mi interior sonaba la delicada y deliciosa pieza de El Oboe de Gabriel, de la película La Misión, y automáticamente recordé las magistrales interpretaciones de Jeremy Irons y Robert De Niro.

Ennio Morricone era un ser dotado de una inmensa capacidad para trasladar emociones al espectador. Nos hizo soñar. Vibrar. Llorar. Esa exquisita sensibilidad que le caracterizaba se ha mostrado incluso en el momento de su partida, en el que se ha hecho pública una carta de despedida que escribió para sus seres más queridos. Detalle poco habitual que además demuestra una gran valentía, al aceptar ese destino que nos espera a todos y que solemos querer ignorar. La carta termina con un especial adiós a su esposa, Maria Travia, con quien compartió camino desde 1950. “A ella renuevo el amor extraordinario que nos ha mantenido juntos y que lamento abandonar. A ella es mi más doloroso adiós.” Piel de gallina.

Este compositor encarnaba la excepcionalidad y, con ella, nos regalaba belleza musical. Ennio, gracias por tocarnos el corazón.

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Publicado en Historia real

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