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Un mundo de fantasía

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Walt Disney decía que la imaginación no tiene edad y que los sueños son eternos. Con su arte y su productora de animación, nos regaló personajes inolvidables como Alicia, Baloo, Bamby, Blancanieves y los siete enanitos, Dumbo, Goofy, Mickey Mouse, Minnie, Pato Donald, Pepito Grillo, Peter Pan, Pinocchio, la Sirenita, el Tío Gilito o Úrsula. También nos encandiló con películas como Mary Poppins o Sonrisas y Lágrimas. Defensor de la alegría, ideó parques de atracciones que giraban alrededor del mundo de fantasía al que dio vida. Por desgracia, falleció antes de que finalizaran las obras del primero, en Anaheim (California), conocido como Disneylandia, y justo cuando iba a empezar la construcción de Disneyworld, en Orlando (Florida). Años después, otros parques abrieron sus puertas en París, Tokio, Shanghái y Hong Kong. Cada año, ¡reciben la visita de millones de personas!

A Walt nos lo arrebató un maldito cáncer de pulmón. El mundo entero lloró su pérdida y creyó, a pies juntillas, el rumor de que su cuerpo había sido congelado antes de su muerte, para resucitarlo cuando hubiera una cura de su enfermedad. Eran tan grandes las ganas de que viviese, de que continuara regalándonos magia, de que nos robara más sonrisas, que incluso Salvador Dalí creyó y difundió el rumor de su criogenización. En realidad, Walt fue incinerado en la más estricta intimidad.

Recurrir a teorías conspirativas para desmentir la muerte de un famoso no es algo raro. Hay quien cree que Marilyn Monroe, Elvis Prestley, James Dean o Michael Jackson siguen vivos. La pérdida definitiva de personas queridas es uno de los mayores retos a los que se enfrenta el ser humano, así que no es de extrañar que se recurra a extrañas teorías que reduzcan el dolor que se siente. Para gustos, ¡colores! Claro que, mejor no imaginar el aspecto que tendrán ahora dichas estrellas.

El mundo de Walt nos ha cautivado desde nuestra más tierna infancia y, además, se ha convertido en un refugio; en un lugar al que acudir cuando nos cuesta respirar. Vivir nunca ha sido fácil, lo sabemos. A lo largo de la historia de la humanidad, ha habido largos periodos de oscuridad en los que se ha impuesto la crueldad. La biografía breve que escribí sobre Adrienne Monnier para el libro Desconocidas & Fascinantes, empieza así: «Aviones militares sobrevolando la ciudad, soldados alemanes patrullando las calles, sirenas de aviso de bombas, disparos, detenciones, deportaciones, hambre y enfermedades. París víctima de dos guerras mundiales». Es estremecedor ver la similitud entre aquellas dos barbaries del siglo pasado y lo que está sucediendo hoy en Ucrania. No parece que hayamos aprendido la lección de que la violencia no solo no soluciona los conflictos, los empeora. Y, de paso, causa sufrimiento a millones de personas.

En un contexto de capitalismo desmedido, cambio climático desatado y enfrentamiento bélico constante, no es de extrañar que surjan proyectos de evasión. A la realidad virtual que ofrecen las pantallas, se añade ahora la posibilidad de vivir en una película Disney. No es ninguna broma: el mes pasado, la multinacional comunicó que tiene prevista la construcción de un barrio residencial en el valle californiano de Coachella. Se llamará Cotino y se inspirará en las películas del estudio Disney. Contará con 1.900 viviendas, zona comercial, restaurantes, residencias, lugares de entretenimiento, un hotel, etc. Cotino es un proyecto piloto y, si funciona, ¡habrá más! Si te interesa, aquí encontrarás más información.

¿Te lo imaginas? Vivir en un mundo en el que la fantasía y la alegría ¡vayan de la mano! Yo me pido poder volar a lo Dumbo; saborear la ratatouille de Remy en el Gusteau’s; abrazar a Bamby cuando pierde a su madre; compartir piso con los siete enanitos. En definitiva, elijo regresar a aquella época en la que la bondad parecía posible. Elijo soñar que del cielo ya no bajan bombas y maldad, sino Mary Poppins con su paraguas.

Se puede vivir sin el mundo Disney, pero no se puede sobrevivir sin imaginación; sin sueños. Walt lo sabía y dedicó su vida a defender la fantasía. Veo en ella una herramienta para construir un mundo mejor; real; palpable; más amable. Un mundo en el que no quepan los malvados, los canallas, los oportunistas. En el que el dineral que se gasta en la industria de la guerra se destine a crear una realidad justa; solidaria; empática con todos los seres vivos del planeta. Para conseguirlo, basta con proponérselo. Si fuimos capaces de pisar la luna; si conquistamos derechos para la mujer, los negros y los judíos, ¿qué no lograremos? Todo cambio requiere compromiso, tenacidad y paciencia. Qué me dices, ¿terminamos con las pesadillas? ¿Dibujamos un mundo de fantasía?

Foto: Julie Andrews en Mary Poppins

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Publicado en Guerras Historia real

3 comentarios

  1. Tita Tita

    Que bonito despertar con tu articulo,! Me apunto a SOÑAR con este mundo IDEAL, es la Única manera de SOBREVIVIR.
    GRACIAS

    • Virginia Virginia

      Gracias a ti, Tita, por leer cada viernes mis escritos. Un abrazo.

  2. Carme Portas Carme Portas

    Ostres, si es gasta més energía en no entendre’ns que al contrari, si tot és més senzill! Menys egos i més sentiments fan falta! La sensació és que hi ha massa testosterona sense control.El món que dius m’ha fet pensar en el show de Truman i no sé si m’acaba d’agradar!
    Petons i ànims!

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