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Anclarse en el ahora

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Arranca un nuevo curso académico y, con él, un nuevo propósito. El año pasado me propuse aceptar las cosas que no puedo cambiar. Nada fácil, lo confieso. ¿Cómo aceptar la guerra, el hundimiento de pateras, los incendios furibundos, la negación del cambio climático, los pinchazos en discotecas, la persistente violencia machista y la enésima crisis económica? Aun así, y fiel a mi tradición de curso nuevo, reto nuevo, añado otro desafío a la lista: anclarme en el ahora.

Para conseguir centrarme en el momento presente, necesito lograr dos cosas: dejar el pasado pesado atrás y no preocuparme por el futuro. ¡Casi nada! Sé, sabemos, que el ahora es el único momento que de verdad importa; que cada día conlleva nuevas oportunidades. El pasado ya fue y el futuro no existe todavía. Lo sabemos, es de sentido común. Sin embargo, qué difícil resulta despejar la mente de recuerdos dolorosos, de preocupaciones angustiosas. ¡Perdemos tanta energía en ello!

¿Quién no ha deseado cambiar el pasado pesado? Esos momentos que al ser recordados producen dolor, tristeza, vergüenza. Comportarse de otra manera, pronunciar otras palabras, callar. El «y si» es una trampa en la que caemos sin remedio y con la que nos torturamos sin descanso. ¿Y si no le hubiera presionado? ¿Y si hubiera seguido mi instinto? ¿Y si le hubiera llamado antes? ¿Y si no hubiera dejado que nos distanciáramos? Y así un largo etcétera. Estamos convencidos de que, si pudiéramos cambiar esto de aquí y aquello de allá, el presente sería diferente ¿verdad? Mejor, más llevadero.

Dado que, de momento, el pasado solo se puede cambiar en nuestra imaginación, deberíamos agarrar todas las preguntas que empiezan con «y si» y tirarlas a la papelera. Mejor aún, a la trituradora. Solo provocan dolor. Salvo si te gusta darte caña, es mejor no remover el pasado pesado. La mismísima Agatha Christie habla de ello en su novela En el hotel Bertram: «He aprendido, aunque supongo que ya lo sabía, que nunca se debe intentar volver atrás, que la esencia de la vida es seguir hacia delante. La vida es una calle de una sola dirección, ¿no le parece?»

Sin embargo, ¿qué pasa cuándo el pasado pesado te asalta? En ocasiones se presenta sin haber sido invitado. De forma repentina, nos agarra del pescuezo y nos arrastra a otra época. Inevitablemente, se despiertan recuerdos y sentimientos que creíamos enterrados en el olvido. Una llamada, un mensaje, una aparición inesperada de un familiar tóxico, de una antigua pareja que nos dañó, de una amistad que se rompió. ¡Cómo nos perturba! Durante unas horas, quizá días, permanecemos en un estado de irrealidad, de incredulidad. Una antigua herida se abre y el dolor se reaviva, toma la palabra. Recibimos tal mazazo, que creemos asfixiarnos.

¿Que hacer en esos casos? La serie Intimidad ofrece una respuesta. Además de recomendarte que la veas, por su excelente guión y las brillantes interpretaciones de grandes actrices, recojo aquí una de sus reflexiones: «Dicen que el pasado no existe; que podemos vivir sin mirar atrás; que incluso podemos renacer. Pero es mentira. El pasado es un lugar y a veces nos obligan a regresar a él. Lo mejor es aprovechar la visita para decirle adiós de una puta vez». Pues eso, ¡adiós!

El futuro también tiende a agobiarnos. Proyectamos en él deseos y, sobre todo, miedos. ¿Quién no ha pasado una noche en vela con preocupaciones varias? ¿Quién no ha intentado calmar su angustia mediante pastillas, alcohol, comida, sexo, tabaco, marihuana, compras compulsivas o deportes de riesgo? Encima, para nada. La mayoría de las veces nuestros temores no se cumplen. ¿Sabías que el 90% de lo que nos preocupa nunca se hace realidad? ¡El 90%! Lo afirma la psiquiatra Marian Rojas Estapé, en Las tres puertas. ¡Somos idiotas!

Por si no fuera suficiente la pérdida de tiempo y de energía que conlleva preocuparse, está manía típicamente humana tiene un impacto directo en nuestro organismo y en nuestro estado de ánimo. Según la psiquitara, el cerebro no distingue entre un peligro real y uno imaginado. Cuando nos preocupamos, se activa el estado de alerta y, en consecuencia, se genera cortisol. A la larga, esta sustancia nos enferma, genera irritabilidad, depresión e intranquilidad. Es decir, cuando nos preocupamos, nos intoxicamos. Lo dicho, somos idiotas.

Parece que cuesta ser feliz, ¡pero no es imposible! Marian Rojas dice que «la felicidad consiste en vivir instalado de forma sana en el presente, habiendo superado las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro.» ¿Cómo conseguirlo? Escuchando esa voz interior que todos tenemos y que no calla ni dormida. ¡Menuda cotorra está hecha! Hay que impedir que nos envenene con miedos y recuerdos dolorosos.

No es fácil ser consciente de lo que se cuece en nuestra mente. Cada vez nos cuesta más prestar atención. En un mundo dominado por la tecnología y el bombardeo constante de información, nos hemos desconectado de los demás; de nosotros mismos. Es imperativo escucharnos y escuchar a los demás; vivir en el presente. Entender el funcionamiento de nuestra mente puede ser una útil herramienta para utilizarla a nuestro favor. Para ello, te animo a conocer a Marian. También puedes escuchar su podcast en Spotify. Estoy segura de que descubrirás cosas interesantes.

Como te decía al principio, durante este curso académico me propongo anclarme en el ahora. Quiero reeducar mi mente; convertirme en una aliada para mí misma y no en una enemiga. Ya bastante tengo, tenemos, con la que está cayendo ahí fuera. Toca cuidarse, quererse, defender nuestra propia alegría. Qué me dices, ¿lo intentas conmigo?

¡Feliz curso 2022/23!

«El que domina su voz interior es capaz de convertirse en maestro de su vida». Marian Rojas Estapé.

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Publicado en Historia real Libros Naturaleza

2 comentarios

  1. Patricia Patricia

    Me encanta! Nuevo reto Anclarse en el ahora! Que ganas tenía de volverte a leer! A Marían ya la conocía y es muy interesante lo que dice, también me gusta mucho Mario Alonso Puig.

    • Virginia Virginia

      Gracias por tus palabras, Patricia. No conozco a Mario, me lo apunto. Un abrazo.

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