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Tu nombre es tu destino

Astérix y Obélix cumplen mañana sesenta y tres años. ¿Quién no ha tenido alguno de sus álbumes en casa? Los leíamos pequeños y mayores. Los leemos todavía. De la mano del guionista René Goscinny y del dibujante Albert Uderzo, conocimos la época del imperio romano. Viajamos a Bélgica, a la India, a Egipto, a Hispania, y conocimos a personajes históricos, como los mismísimos César y Cleopatra.

Y reímos. Reímos todavía con las aventuras de la extraña pareja que forman ese par de galos antagónicos. ¿Recuerdas sus comilonas? Cada vez que hay algo digno de celebración, la aldea entera se sienta alrededor de una mesa en la que el jabalí asado es el plato principal. Es tal la glotonería de Obélix, ¡que se come uno entero! Aunque siempre se acuerda de compartirlo con su buen amigo Idéfix.

¿Qué me dices de los nombres de sus personajes? ¡Son de lo más divertido! La baja estatura de Astérix y las alas de su casco recuerdan a un asterisco, de ahí su nombre; Obélix debe el suyo a «obelisco», en referencia al tamaño de su cuerpo y al menhir que acostumbra a transportar; el nombre de su sombra de cuatro patas significa «idea fija», en alusión a la preocupación de Idéfix por el medio ambiente. Odia que alguien derribe o tale un árbol. Llora, se desmaya y se enfada mucho. ¡Es un convencido ecologista!

Hay más nombres curiosos: el druida de la aldea, e inventor de distintas pócimas mágicas, se llama Panoramix, el que todo lo ve; el jefe de la aldea es Abraracúrcix, contracción de la expresión francesa «à bras raccourcis», brazos acortados, en referencia a la postura previa a la pelea. Como ves, los creadores de la saga de Astérix eligieron los nombres a conciencia. Son lo que se conoce como «aptónimos», porque se refieren a una característica física, moral, profesional o de otro tipo de una persona o de un personaje ficticio.

Sabemos que el nombre es algo muy importante. Lo que no se nombra, no existe. También sirve para diferenciarnos de los demás. Hay gente que va más allá; gente que asegura que nuestro nombre define nuestro destino, que influye en distintos ámbitos como el trabajo, la pareja o la esperanza de vida. Esto no es ninguna novedad. Los mismísimos romanos decían Nomen est omen. El nombre es un presagio. ¡Quién sabe!

Los indios sioux eran muy aficionados a los aptónimos. En la maravillosa película Bailando con lobos, que te recomiendo encarecidamente que veas si no lo has hecho ya, salen unos cuantos: Erguida con el puño en alto, Danza con lobos, Ave que patea, Cabello al viento, Diez osos, etcétera. Vista la película, los personajes no pueden llamarse de otro modo.

No importa cuál sea nuestra cultura. ¡Estamos rodeados de apellidos que son aptónimos! Cito algunos: Chris Moneymaker (generador de dinero) ganó el mayor campeonato mundial de póker en 2003; Jack Arm­strong (brazo fuerte) fue un importante lanzador de béisbol; Christopher Coke (coca, de cocaína) es un narcotraficante jamaicano; el británico Russel Brain (cerebro) fue neurólogo; Carlo Buontempo (buen tiempo) es el director del Servicio de Cambio Climático del programa Copernicus de la Unión Europea; Georges de Beauregard (bella mirada) fue un importante productor de cine; Caroline Aigle (águila) fue la primera mujer pilota de caza del ejército del aire francés; Narcisse-Fortunat Belleau (bella agua) fue alcalde de Québec y consiguió que el agua potable llegara a todos los hogares; Arnaud Démare (arranca) y Marco Velo (bicicleta) son ciclistas profesionales; Joseph Durocher (de la roca) fue geólogo; Robert Grossetête (cabeza grande) fue un erudito filósofo; el marido de la actriz Natalie Portman, Benjamin Millepied (mil pies), ¡es bailarín!

En España también hay unos cuantos aptónimos: Javier Cámara, actor; Blas Cantó, cantante; María Escoté, diseñadora; Ana Botín, banquera; Marta Pino, ingeniera forestal; Jordi Gana (hambre), digestólogo de la Clínica Sagrada Familia; Javier Feliz, psicólogo; Josep Campreciós (campo precioso), encargado del césped del Camp Nou en los años noventa; Fernando Redondo, futbolista; Jordi Armadans (dentro de las armas), pacifista.

La semana pasada el museo Guggenheim de Bilbao celebró su primer cuarto de siglo. La 1 emitió un reportaje conducido por un periodista y escritor que causa sensación cada vez que habla de arte en televisión. Derrocha sensibilidad y su voz te envuelve como si te abrazara. ¿Adivinas cómo se llama? ¡Carlos del Amor! Al hablar del primer día en el que el museo abrió sus puertas, entrevistó a uno de los visitantes que tuvieron la suerte de estrenarlo. Al primero de todos, llamado… ¡Antonio Ligero!

Yo no sé si el nombre define o no tu destino, pero sí estoy segura de que hay personajes que se adentran en nuestro corazón para no abandonarlo jamás. Astérix y Obélix, y el resto de los habitantes de su aldea, nos han ganado para siempre. Gracias Goscinny. Gracias Uderzo. Por las risas y las horas de disfrute. Y a vosotros, queridos galos inventados, ¡feliz cumpleaños!

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Publicado en Libros

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