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Abrir los ojos

A veces estamos tan ofuscados con nuestros propios problemas, que no vemos los de los demás. Y, de pronto, algo llama nuestra atención, nos interpela y nos saca de nuestro bullicio mental. Durante unos instantes, somos capaces de ver al otro, de intentar imaginar su vida, sus retos. Abrimos los ojos.

Me pasó ayer en el metro, cuando me fijé en el hombre que estaba sentado frente a mí. Tenía la mano derecha escayolada casi en su totalidad, apenas se le veían las puntas de los dedos. Con la izquierda, sujetaba un teléfono móvil a la altura de su cara. Movía los labios e intentaba gesticular con la mano mancillada. Comprendí que era sordomudo y, mientras fruncía el ceño y resoplaba, pude sentir la frustración que le provocaba tener los dedos atrapados en yeso. Aquella imagen me conmovió. A la incomodidad de la escayola, se añadía la dificultad de comunicarse.

No es fácil vivir con una discapacidad. Si ya cuesta entender a los demás, comprender su manera de pensar o actuar, el reto se complica cuando se trata de imaginar una vida con una limitación física o mental. Qué difícil es la empatía. Qué necesaria en un mundo en el que la normalidad es una quimera y la diferencia, la regla general.

Esta semana estamos de enhorabuena. Por fin se ha decidido eliminar la palabra «minusválido» del artículo 49 de la Constitución. Era una antigua demanda de los colectivos con discapacidad, quienes, con razón, decían que el lenguaje les despreciaba y discriminaba. A partir de ahora, se utilizará la expresión «persona con discapacidad».

En España existen 4.380.000 personas con discapacidad. No es una cantidad irrisoria. Sin embargo, ¿sabemos lo que supone? A no ser que en nuestro entorno conozcamos a alguien con algún tipo de limitación, vivimos ajenos a esta realidad y, por lo tanto, nos cuesta comprenderla. Al fin y al cabo, el ser humano aprende con la experiencia.

A base de ir en metro, he descubierto que existen distintos tipos de bastones para invidentes. El blanco es el utilizado por las personas ciegas; el verde lo usan quienes tienen una baja visión, y el blanco con láminas rojas indica que la persona que lo utiliza, además de sufrir ceguera o discapacidad visual grave, también la tiene auditiva. Pero, ¿de qué sirven los colores si no conocemos su significado?

A las discapacidades de nacimiento se añaden las que aparecen por el camino. Un accidente, una enfermedad, pueden cambiar una vida por completo. Tanto, que resulta muy complicado, si no imposible, llevar una vida «normal». O, simplemente, vivirla. Porque vivir no es solo respirar, es abrir los ojos al mundo y querer comérselo a bocados.

Hace tiempo descubrí una serie que me encanta: Dead to me, protagonizada por Linda Cardellini y Christina Applegate. Cuenta la historia de dos desconocidas que coinciden en un grupo de duelo, Jen y Judy. Lo que la primera no sabe, es que la segunda, que tanto se esfuerza en ser su amiga, está implicada en el homicidio de su difunto marido. Este es el punto de partida de una historia de amistad tan peculiar como preciosa. Lo que no esperaba al empezar a ver la serie, era lo que descubriría años después.

Entre la segunda y la tercera temporada, que también es la última, transcurrieron treinta meses. Fue una larga espera. Cuando la serie regresó y empecé a ver el primer capítulo, me sorprendió el aspecto de Christina. Había duplicado su tamaño. Extrañada, investigué, y supe que el cambio se debía al tratamiento de una fuerte esclerosis múltiple que le dificulta sobremanera mantenerse de pie.

El rodaje de la tercera temporada pendió de un hilo, y los responsables de la serie decidieron acabarla con lo que tenían hasta el momento. Sin embargo, Christina se negó y decidió continuar a su manera. Lo hizo porque se negaba a rendirse y, sobre todo, por respeto a la historia de las dos protagonistas y a su compañera de reparto.

El guion se adaptó a las circunstancias y, cada vez que aparecía en escena Jen, lo hacía agarrada del brazo de Judy o apoyada en algún mueble. Fue así como se pudo cerrar la historia que se quería contar. El resultado es impresionante, y la determinación de Christina digna de admiración. No es de extrañar que, hace escasos días, en la 75a edición de los Premios Emmy, Christina recibiera una emotiva y larga ovación cuando salió al escenario agarrada de un brazo y apoyada en un bastón.

Hace tiempo que pienso que en la escuela se deberían de aprender cosas distintas a las que se enseñan. En lugar de acumular datos inútiles en nuestra memoria, sería más interesante aprender cuestiones relacionadas con el autoconocimiento y la convivencia. Estoy convencida de que todos nos llevaríamos mejor, tendríamos sociedades más sanas y, por lo tanto, un mundo mejor. Mientras los políticos de turno se ponen de acuerdo para cambiar el currículo escolar, es fundamental tener los ojos abiertos. Observar. Aprender. Entender. Defender la alegría colectiva.

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Publicado en Historia real Naturaleza

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