Resulta difícil mirar el calendario y no darse cuenta de que hoy no es un día como los demás. Es viernes 13 y, salvo que vivas en otro planeta y jamás te haya interesado el cine, sabes que es el día en el que Jason Vorhees, el asesino de la máscara de hockey, sale de caza. Lo hace desde 1980, cuando se estrenó la terrorífica película del productor y director Sean S. Cunningham. Fue tal éxito de taquilla, que hubo once secuelas.
Más allá de si nos gusta o no el terror, todos tenemos miedo en algún momento de nuestras vidas. Miedo a suspender un examen, a que nuestra pareja nos engañe, a perder a un ser querido, a padecer una enfermedad sin cura y, también, miedo a fracasar. El miedo al fracaso aplaca la mayoría de nuestros sueños. Los golpea, los derrumba y los deja tirados en el suelo, humillados, doloridos. Hay quien lo pasa tan mal, que decide olvidarse de ellos. Quizá no eran tan importantes, quizá su persecución supone pagar un precio demasiado alto.
O quizá sea necesario dar un paso atrás, coger impulso y volver a saltar al vacío. Es lo que ha hecho la gimnasta estadounidense Simone Biles. Tras haber ganado cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de 2016, sorprendió al mundo entero al anunciar su retirada en plena competición de los de Tokyo. Estaba sometida a mucha presión, cargaba una mochila repleta de expectativas. No lo pudo soportar. Ella misma declararía, días después de su renuncia, que además de atleta era persona. Consciente de su maltrecha salud mental, se priorizó a ella misma y decidió cuidarse. Recuperada, en París ha ganado tres medallas de oro y una de plata.
En España tenemos el ejemplo de la jugadora de bádminton Carolina Marín. Campeona olímpica en Río de Janeiro 2016, tres veces campeona mundial y siete veces de Europa, se rompió en los Juegos de París. En pleno partido y a punto de alzarse con el oro, sufrió una lesión de rodilla que la obligó a abandonar. Supongo que habrás visto las imágenes de Carolina encogida en el suelo, llorando de rabia y dolor. No soy demasiado aficionada al deporte, pero confieso que soy incapaz de ver las imágenes sin conmoverme. Cuánta impotencia, cuánta frustración. Al ser su tercera lesión de rodilla, nadie dudaba de que era el final de su carrera. Pero a la vida le encanta sorprender. En una entrevista reciente, Carolina afirma que no se da por vencida, que se retirará cuando ella lo decida y en un pista de bádminton, no por culpa de una lesión.
Arranca un nuevo curso académico y, como cada año, me marco un reto. (Retos anteriores: anclarme en el presente, aceptar lo que no puedo cambiar y jugar más). Ahora me propongo enfrentarme al miedo. No al terror que provoca un hombre enmascarado sediento de sangre cada Viernes 13, sino a un miedo concreto y personal: estancarme en mi carrera literaria. Me preocupa no estar a la altura de las expectativas generadas por Un tesoro en el olvido. ¿Y si ninguna editorial quiere publicar mi siguiente novela? ¿Y si consigo publicarla, pero decepciona a mis lectores? ¿Perderé la comunidad de fieles compañeros de aventuras que tanto me ha costado conseguir? ¿Me perderé yo? Miedo intenso, afilado, amargo. Un poderoso enemigo que me mantiene insomne más de una noche. Pero voy a enfrentarme a él de la mejor manera que sé, escribiendo.
Te deseo un curso académico 2024/25 valiente. Plántale cara a tus miedos.
¡Vamos!
«¿No lo comprendes? Si abandonas tus sueños, mueres.» Flashdance
El primcipio del exito es el vencer el miedo